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miércoles, 25 de noviembre de 2009

Mark Boyle: Un año después

Este irlandés dejó todo hace casi un año y ahora vive de la naturaleza. Imagina un año autoexiliado de la sociedad consumista, viviendo sin dinero.
Ha estado viviendo en una casa rodande, es voluntario en una granja orgánica y usa huesos y semillas de hinojo como pasta de dientes. Además, bloguea desde su portátil a base de energía solar.

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Boyle estudió economía en la universidad y trabajó para varias empresas éticas antes de darse cuenta de que para cambiar algo primero tendría que comprender qué es lo que estaba tratando de cambiar: "Necesitaba volver a conectarme con las cosas que consumía para poder ver sus repercusiones. La sacudida fue hace tres años, yo estaba sentado con un amigo, hablando de los problemas del mundo. Puedes hacer campaña todo lo que quieras pero... ¿soluciona algo?".

Se mudó a una casa rodante en una granja orgánica y canceló todos sus contratos (tiene el móvil sólo para recibir llamadas), aún así no se libra de algunos puristas detractores: "Tengo un montón de críticas por el notebook, pero era una situación sin salida. Es irónico, pero no podría comunicarme sin él".

Ahora su vida es más relajada, libre del estress habitual de un trabajo y facturas e hipoteca por pagar: "Un día típico consiste en buscar hojas de ortiga para hacer té, cocinar en una es­tufa de piedra y 45 minutos haciendo ejercicios, una vida sin dinero no paga peaje".
Pero en la sociedad actual tiene algunas limitaciones: “Lo más difícil es el im­pacto en mi vida social, no tener dinero no es ideal para las posibles parejas o amigos. No es como que puedo ir a tomarme algo en un pub" - ha ido tres veces en 11 meses- o ir al cine".

"Mi mayor desafío fue ir de Bristol a Irlanda para pasar la Navidad con mi familia, hice autostop durante dos días y llegué en Nochebuena", recuerda. Algunos pensaréis que esto es un problema, yo lo veo más como una apasionante aventura :).

martes, 9 de diciembre de 2008

Irlandés desafía al capitalismo viviendo un año sin dinero

En una aventura arriesgada, este economista demostrara empíricamente que "los principios que rigen el capitalismo son erróneos y que no es necesario gastar ni un euro para vivir con dignidad". Si su ejemplo fuese imitado, el capitalismo acabaría sin revolución, acabaría por inanición.



Mark Boyle es un economista irlandés de 29 años que intentará durante por lo menos un año, vivir en una caravana en Bristol, al oeste de Inglaterra, con un hornillo de leña, una ducha de placas solares, una bicicleta y un agujero en el suelo como retrete.

En entrevista a la Agencia Efe antes de iniciar la aventura, el irlandés dijo que comer no será un problema, ya "que la sociedad tira tanta comida a la basura que basta con acercarse a los contenedores de los supermercados para alimentarse".

"Y si me canso de buscar en contenedores, hay presentaciones de libros e inauguraciones de exposiciones de arte suficientes para poder llenar el estómago a base de canapés y bebida gratis", declaró el empresario, que forma parte de la ONG Freeconomy, que promueve el trueque y la eliminación del dinero como estilo de vida.

El desafío del economista empieza coincidiendo con el "Buy Nothing Day" ("Dia de no comprar nada, libremente traducido), celebrado en todo el mundo para llamar la atención sobre los excesos de la sociedad de consumo en un mundo en el cual miles de personas mueren de hambre cada día.

Boyle también cultivará sus propios alimentos para "apreciar el valor real de lo que come": "Principalmente patatas, como buen irlandés".

"Las sociedades occidentales tiran un tercio de la comida y si las personas produjesen su propio alimento, tendrían mucho más cuidado. Lo mismo pasa con el agua, si nosotros mismos la tuviéramos que mantener limpia no la ensuciaríamos y mucho menos nos cagaríamos en ella".

El verdadero problema "es que esta sociedad nos ha dejado completamente insensibles sobre lo que representa consumir": "No respetamos en absoluto la energía gastada en las cosas que compramos, por lo tanto no tenemos ningún problema en despreciarlas".

El único miedo de Boyle en su objetivo de pasar 365 días sin una moneda son los imprevistos: alguna enfermedad, lesión o algún problema en su familia, que vive en Donegal, al norte de Irlanda.

El empresario estará en contacto con sus parientes, ya que no se desprenderá de su teléfono móvil ni de su portátil, aunque sólo los utilizará cuando las baterías, alimentadas por energía solar, se lo permitan.

Como medio de transporte, el irlandés utilizará una vieja bicicleta con un carro amarrado, con la cual no descarta "pasar las Navidades con la familia". "Sólo se interpone el mar en mi camino", dice riendo.

Cerca de 400 personas apoyaron a Boyle en el inicio del desafío, que el empresario dice que enfrentará "como una cuestión de supervivencia", ya que vivirá "sin saber" lo que tendrá para "comer al día siguiente".

Esta vez espera tener más éxito que en su anterior aventura, cuando intentó ir caminando y sin dinero hasta la India, aunque no llego a pasar de Calais (Francia), donde las dificultades de comunicación con los franceses le obligaron a volverse a casa.